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El destino final del creyente

Leer | JUAN 14.1-3

10 de abril de 2013

La Biblia es clara cuando dice que los que ponen su fe en Jesús como su Salvador personal, vivirán eternamente junto a Él.
El Nuevo Testamento contiene alrededor de 200 referencias del cielo, la mayoría de las cuales proceden de las enseñanzas del Señor mismo. Obviamente, el tema era muy importante para nuestro Señor. ¿Por qué, entonces, no hablamos más a menudo del cielo?

Lamentablemente, una de las razones por las que ignoramos el tema, es porque simplemente nos sentimos demasiado satisfechos aquí en la Tierra. Tal vez pensamos que estamos bastante bien, ya sea por tener una familia, un trabajo o una casa. Rodeados de tanta comodidad, puede parecernos difícil imaginar que haya un lugar mejor.

Las personas que tienen una vida menos cómoda captan el concepto de cielo con mayor facilidad. Las personas que viven padeciendo necesidades, se aferran a la idea de que la vida más allá de la Tierra proveerá todo aquello de lo que carecen actualmente.

Casi nunca es nuestra desesperación lo que hace que sea difícil de imaginar nuestro hogar celestial. Más bien, son nuestros éxitos los que muchas veces constituyen el obstáculo más grande para desear el hogar eterno al que verdaderamente pertenecemos. Podemos estar tan entretenidos por las cosas terrenales, que nos volvemos ciegos a la realidad espiritual de la vida eterna. ¿Por qué no pensamos más en el cielo? Simplemente, porque muchos de nosotros no queremos ir allá todavía.

¿Qué cosas pueden estar obstruyendo la visión de su hogar celestial? Jesús nos precedió para preparar nuestra morada eterna, ¿y quién sabe mejor que nuestro Creador cómo arreglar un lugar a nuestro gusto? No permita que nada oscurezca su visión del hogar maravilloso que le espera.

Dios te bendiga!

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