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Hay amigos y familiares inconversos para traer ante el Señor,
también misioneros en diferentes países, nuestros pastores, nuestros vecinos
y asociados cristianos, nuestros gobernantes – para nombrar unos cuantos. Es
bien conocido entre los cristianos que a través de la oración se puede
influenciar a la gente o cambiar eventos, pero a pesar de eso se practica muy
poco. A medida que los tiempos se van poniendo más difíciles a nuestro
alrededor, necesitamos reconsiderar el valor de la oración personal, ya sea para
lograr algo o para evitar que algo suceda. Esta semana tomemos tiempo para
orar por nuestros hermanos en diferentes partes del mundo.
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Leer | JUAN 15.12-15 20 de julio de 2012 Cuando Dios creó todo, solo una cosa no tuvo su aprobación. Miró a Adán, quien era el único ser en su clase, y dijo: “No es bueno que el hombre esté solo” (Gn 2.18). El Señor creó a las personas para que tuvieran compañerismo emocional, mental y físico, de modo que pudieran compartir su ser más íntimo unas con otras. Jesús explicó esto a sus discípulos, diciéndoles que debían amarse unos a otros tal como Él los había amado. En una amistad que honra a Dios, dos personas se edifican mutuamente y se animan una a otra a tener un carácter como el de Cristo. Sin embargo, muchas no logran entablar y mantener relaciones que estimulen su fe (Pr 27.17). Lo que hacen es hablar trivialidades propias de simples conocidos: el clima y los asuntos mundiales. Lamentablemente, también los creyentes rehúyen la conversación profunda en cuanto al pecado, la conducta transparente y la vida de acuerdo con los parámetros bíblicos, que servirían para enriquecer ...
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