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El llamado misionero


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21 de noviembre de 2014
¿Por qué hay personas dispuestas a aprender un idioma nuevo y una cultura distinta para anunciar el evangelio de Jesucristo? Por la misma razón que todos debemos estar dispuestos a abandonar nuestra cómoda rutina: Para contar la historia del evangelio a un vecino o un familiar —es decir, para responder al llamado de Dios. Sea que tengamos o no el título de misioneros, no podemos cumplir la voluntad del Señor a menos que estemos involucrados en el trabajo misionero.
Este llamado universal se basa en cuatro verdades:
1. La condición espiritual del hombre. La humanidad está perdida irremediablemente sin Cristo. Aunque muchas personas intentan ganar la salvación mediante buenas obras, inevitablemente fracasarán.
2. El regalo de Dios. Por saber que el hombre no podía salvarse a sí mismo, el Padre celestial dio a su Hijo para que pagara nuestro castigo por el pecado. Toda persona que invoque el nombre del Señor será salva.
3. La comisión de Jesús. Todos los que pertenecen al Señor tienen la responsabilidad de ir y hacer discípulos a todas las naciones por medio del poder del Espíritu Santo (Hch 1.8; Mt 28.19).
4. La proclamación del Señor Jesús. El Señor fue claro al respecto: “Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones, y entonces vendrá el fin” (Mt 24.14).
El trabajo misionero no es opcional para los creyentes. En Romanos 10.14, Pablo pregunta: “¿Cómo creerán en aquel de quien no han oído?” No creerán, a menos que usted se los diga.
Biblia Principios de Vida


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