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El quebrantamiento de Pedro


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11 de noviembre de 2014
El orgullo de Pedro era un obstáculo para los propósitos de Dios. Cristo buscaba a un siervo-líder para que guiara a los creyentes una vez que Él regresara al cielo. El antiguo pescador era un impulsivo sabelotodo, pero el Señor vio su potencial a pesar de su arrogancia. Por eso, el gran Artesano utilizó una filosa herramienta —la humillación— para quebrantarlo.
Cuando las palabras del Señor estuvieron en conflicto con la opinión de Pedro, el discípulo reprendió temerariamente a Jesús. El Salvador respondió con una virulenta reprimenda, tanto para silenciar como para enseñar (Mt 16.21-23; Jn 13.5-8).
Inclusive, Pedro incumplió su promesa de morir por el Señor cuando lo negó tres veces antes de que el gallo cantara. Esta humillación final, presenciada por un grupo de extraños, hizo trizas la seguridad que Pedro tenía en sí mismo. Fue un hecho doloroso, pero necesario, ya que su orgullo había distorsionado su visión de la misión de Cristo. Necesitaba entender que Jesús no vino para ser el libertador de Israel de la opresión romana, sino para salvar a la humanidad del poder y la pena del pecado. Gracias a que descubrió esa humildad, Pedro estaba ahora listo para desempeñar el papel que Cristo había escogido para él, como siervo-líder (1 P 5.5, 6).
¿De qué manera está usted obstaculizando el trabajo de Dios en su vida? Tenga en cuenta que Él está decidido a quebrantarle cuando sea necesario para bien de usted mismo, y para la gloria de Él. El Señor restauró a Pedro como un hombre más humilde, pero mucho más grande que antes. Él hace lo mismo con todo creyente que se rinde a su voluntad.
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