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Las necesidades no satisfechas


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10 de noviembre de 2014
Si Dios ha prometido satisfacer nuestras necesidades, y tiene el poder para hacerlo, entonces, ¿por qué no las atiende siempre de inmediato?
Notemos que en el pasaje de hoy, la promesa de Dios tiene una condición (v. 11). Por tanto, si Dios no está satisfaciendo nuestras necesidades como creemos que debería, es porque tiene un plan diferente, o porque algo en nuestra vida lo está impidiendo.
El pecado. El pecado es una de las razones por la que es posible que nuestras oraciones no sean respondidas. Si Dios ignorara la desobediencia y nos concediera lo que le pedimos, estaría aprobando un estilo de vida pecaminoso.
La holgazanería. Aunque el Señor es la fuente final de todo lo que tenemos, Él nos ha dado la responsabilidad de trabajar para satisfacer nuestras necesidades básicas (2 Ts 3.10, 11). Si usted es una persona capaz de trabajar, pero no está dispuesto a hacerlo, Dios no reforzará su desidia.
Los deseos. Es posible que el Señor no le haya dado lo que usted esperaba, porque sus “necesidades” son, en realidad, deseos. Si Dios ve que sus deseos serán un impedimento para cumplir lo que quiere para usted, es posible que le diga “no”, porque tiene un “sí” que es mucho mejor.
Para evitar sentirse decepcionado, recuerde que las acciones y la identidad de Dios siempre coinciden. Él no premiará el pecado; y sus respuestas a la oración tendrán el propósito de conformarnos a la imagen de Cristo. Por eso, si Él no le ha dado lo que considera indispensable, es porque está preparando una bendición mucho mejor para usted.
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