Skip to main content

Una conducta absurda


If you are unable to see the message below, click here to view.

 

 

Leer | Salmo 55.22
8 de enero de 2015
Imagine que se encuentra caminando en medio de un aeropuerto lleno de gente. No puede moverse sin tropezar con alguien, porque está retrasado para tomar un vuelo y las ruedas de su maleta se rompieron por el peso. Sin otra opción, se ve obligado a llevar el equipaje en sus brazos y a maniobrar lentamente por el congestionado pasillo hacia el área de abordaje.
Casi de inmediato, un joven se le acerca y le ofrece ayudarle a cargar la maleta, pero no acepta, diciendo: “No, gracias. Yo me encargo”. Al darse cuenta de que el área de abordaje está dos niveles más arriba, se dirige a las escaleras. Alguien le pregunta: “¿No sería más fácil que tomara el elevador? Está allí mismo”. Pero usted responde: “No, yo me encargo”.
Cuando llega finalmente, siente entumecidos los brazos por la presión de la maleta. Le duele la espalda por soportar la pesada carga. Entonces ve varios carretones de equipaje disponibles, pero los ignora, pensando: “No, yo me encargo”.
Esta es una historia absurda, ¿verdad? ¿Quién preferiría llevar una carga tan pesada, prescindiendo de todas las oportunidades para liberarse de ella? Sin embargo, muchos creyentes están haciendo precisamente eso.
Nuestro Padre celestial nos ha llamado a poner nuestras preocupaciones a sus pies. Pero cuando no venimos a Él en oración, somos tan tontos como esa persona que va tambaleándose por el aeropuerto, balbuceando: “Yo me encargo”.
¿Está usted tratando de llevar una carga muy pesada? No desprecie la oferta de Dios de ayudarle. La verdad es que no podemos “encargarnos de todo”, y Él nunca quiso que lo intentáramos.
KIT DE AÑO NUEVO 2015


Cancelar suscripción | Suscribirse al devocional | Suscribirse a la revista | Contáctenos | EnContacto.org
Conéctese en Facebook | Síganos en Twitter | Envíe este correo a un amigo
Este correo electrónico fue enviado por Ministerios En Contacto: 3836 DeKalb Technology Parkway
Atlanta, Georgia 30340-3604 | Tel: 1-800-303-0033

Comments

Popular posts from this blog

The Danger in Being a Christian: It began as a Jewish sect; fierce persecution only helped it spread Today's reading: Acts 8 Acts 8:1 On that day a great persecution broke out against the church at Jerusalem, and all except the apostles were scattered throughout Judea and Samaria. In some countries, a person who becomes a Christian forfeits a good education and job. And in a few countries, a person who converts risks his or her life. One church historian estimates that more Christians were martyred in the twentieth century than in all preceding centuries put together. Yet, strangely, more often than not, intense persecution of Christians leads to a spurt of growth in the church. An ancient saying expresses this phenomenon: "The blood of martyrs is the seed of the church." The First Big Advance For a while, the new faith enjoyed popular favor. But very soon it involved grave risk. In the book of Acts, the persecution that produced the first Christian martyr, St...

Reverenfun

Recompensas celestiales

Leer | LUCAS 14.12-14 22 de junio de 2012 Los niños no son los únicos a quienes les gusta ser recompensados. Nuestro Creador sabe que también los adultos son motivados por los incentivos. Es por eso que encontramos promesas en su Palabra para quienes andan en sus caminos. Algunos de estos beneficios están al alcance en este mundo --como son el sentimiento de realización, el gozo y el favor de otros--, mientras que otras bendiciones se concederán en el cielo. Como creyentes, no tenemos que temer al juicio (Ro 8.1); estamos vestidos con salvación por la sangre de Jesús, y no enfrentaremos la ira divina. Pero el Señor determinará el valor de nuestras obras, y qué recompensa merecemos. Para ayudarnos a entender esto, la Biblia habla de cuatro coronas. La primera, llamada incorruptible , es dada a aquellos cuyo deseo es andar en obediencia delante de Dios. En medio de luchas e incluso de fracasos, siguen muriendo a la carne y obedeciendo al Espíritu. La segunda, la corona de...