Leer | Juan 6.5-14
9 de diciembre de 2013
Hace algunos años, nuestra iglesia se estaba preparando para adquirir una propiedad costosa, y nuestro deseo era realizar la compra sin endeudarnos. Una semana antes del plazo dado, habíamos reunido menos de la mitad del dinero; completar el resto parecía imposible. Mencioné nuestra necesidad a la congregación, y después del primer servicio, una joven pareja se me acercó y me dio el anillo de matrimonio del esposo para utilizarlo en el pago. Ellos insistieron en que yo tomara el anillo, a pesar de que estaban en una situación económica difícil, y tenían un bebé en camino.
Durante el segundo servicio, saqué el anillo y conté el sacrificio que había hecho esta pareja. Entonces sucedió la cosa más asombrosa. La gente comenzó a fluir por el pasillo y donar toda clase de cosas —yates, casas, joyas, automóviles. Al final de ese servicio, teníamos exactamente la cantidad de dinero que necesitábamos.
Nada es imposible para nuestro Padre celestial. Él utilizó un humilde anillo para recaudar más de dos millones de dólares en un solo día, así como una vez tomó prestado el almuerzo de un niño para alimentar a cinco mil hombres.
Nosotros, con frecuencia, preguntamos: “¿Qué voy a hacer?” En vez de preguntar: “Señor, ¿qué es lo que Túvas a hacer?” Dios tiene un plan para guiarnos por el camino seguro a través de cualquier situación, si simplemente confiamos en Él, en vez de hacerlo en nuestros recursos.
Confíe en su Padre celestial para todo lo que necesite. Él ha prometido cubrir las necesidades de sus hijos, y conoce la mejor manera y el mejor momento para hacerlo.
Dios te bendiga!
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Leer | JUAN 15.12-15 20 de julio de 2012 Cuando Dios creó todo, solo una cosa no tuvo su aprobación. Miró a Adán, quien era el único ser en su clase, y dijo: “No es bueno que el hombre esté solo” (Gn 2.18). El Señor creó a las personas para que tuvieran compañerismo emocional, mental y físico, de modo que pudieran compartir su ser más íntimo unas con otras. Jesús explicó esto a sus discípulos, diciéndoles que debían amarse unos a otros tal como Él los había amado. En una amistad que honra a Dios, dos personas se edifican mutuamente y se animan una a otra a tener un carácter como el de Cristo. Sin embargo, muchas no logran entablar y mantener relaciones que estimulen su fe (Pr 27.17). Lo que hacen es hablar trivialidades propias de simples conocidos: el clima y los asuntos mundiales. Lamentablemente, también los creyentes rehúyen la conversación profunda en cuanto al pecado, la conducta transparente y la vida de acuerdo con los parámetros bíblicos, que servirían para enriquecer ...
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