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Leer | Colosenses 1.9-14
7
de mayo de 2014
Si alguien
le preguntara: “¿Cómo puedo orar por usted?”, sería capaz de darle una
respuesta clara? Muchas veces, no sabemos qué decir, y lo mismo sucede cuando
hacemos esa pregunta a nuestros amigos —recibimos con frecuencia una
respuesta vaga. Saber cómo orar unos por otros no es algo natural, por lo
tanto, requiere que aprendamos cómo hacerlo.
Es por eso
que la Biblia contiene muchos modelos sobre la oración eficaz. Uno de ellos
se encuentra en la epístola de Pablo a los creyentes en Colosas. Oró para que
ellos fueran “llenos del conocimiento de su voluntad” (Col 1.9). El hecho de
que el apóstol hiciera esa oración, significa que podemos llegar a saber lo
que Dios está haciendo en nuestras vidas, cuando entendemos su voluntad.
La oración
de Pablo incluyó también otras peticiones a favor de los colosenses. Pidió
que Dios los bendijera con el conocimiento de lo correcto. Pero más que eso,
pidió que anduvieran de una manera digna de Cristo, y que fueran fortalecidos
con todo poder (vv. 10, 11).
Cuando eso
sucede en la vida de un creyente, los testigos de esto se sienten atraídos
por lo que ven. Algunos, incluso, pueden llegar a reconocer la actividad del
Señor en la vida de un cristiano que refleja el poder del Padre celestial
para perdonar los pecados y andar delante de Él en santidad.
Estas son
peticiones específicas que usted debe hacer al orar por los demás. De hecho,
haría bien en pedir las mismas cosas para usted mismo. Puede tener la
seguridad de que la poderosa oración será contestada, porque está de acuerdo
con la voluntad de Dios.
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Leer | JUAN 15.12-15 20 de julio de 2012 Cuando Dios creó todo, solo una cosa no tuvo su aprobación. Miró a Adán, quien era el único ser en su clase, y dijo: “No es bueno que el hombre esté solo” (Gn 2.18). El Señor creó a las personas para que tuvieran compañerismo emocional, mental y físico, de modo que pudieran compartir su ser más íntimo unas con otras. Jesús explicó esto a sus discípulos, diciéndoles que debían amarse unos a otros tal como Él los había amado. En una amistad que honra a Dios, dos personas se edifican mutuamente y se animan una a otra a tener un carácter como el de Cristo. Sin embargo, muchas no logran entablar y mantener relaciones que estimulen su fe (Pr 27.17). Lo que hacen es hablar trivialidades propias de simples conocidos: el clima y los asuntos mundiales. Lamentablemente, también los creyentes rehúyen la conversación profunda en cuanto al pecado, la conducta transparente y la vida de acuerdo con los parámetros bíblicos, que servirían para enriquecer ...
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