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Cuando nos apartamos de la Palabra de Dios


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10 de octubre de 2014
Armar un juguete o un instrumento mecánico rara vez es tan fácil como aparentan las instrucciones. Primero, hay una infinidad de piezas que deben ensamblarse. Luego, la cantidad de tiempo que hay que dedicar para hacerlo bien. Y finalmente, los manuales que, por lo general, dejan fuera información útil para terminar el trabajo.
Tal vez usted ha estado viendo el libro de instrucción de Dios —la Biblia— de una manera parecida. Están esos 66 libros que hay que leer y aplicar. Luego está el obstáculo de la falta de tiempo o de las interrupciones que le distraen. O, pudiera parecerle que necesita estar más capacitado para entender la verdad divina. Cualquiera de estas cosas pudiera apartarnos de la lectura de las Sagradas Escrituras. Hasta los cristianos maduros pueden volverse desatentos a la Biblia. Sin embargo, cuando nos apartamos de la Palabra de Dios, no pasa mucho tiempo antes de que nos apartemos de Él y de sus caminos.
¿Qué es lo que usted desea para su vida? ¿Agradar al Señor? ¿Glorificarlo? ¿Superar ansiedades y temores, y experimentar la vida abundante (Jn 10.10)? Para todos los que respondamos afirmativamente, nuestra prioridad tiene que ser acercarnos más a Dios. Lo cual hacemos por medio del estudio y la aplicación de su Palabra.
¿Está usted dispuesto a darle a Dios su plena atención para nutrir su relación con Él? ¿Se pondrá bajo el control del Espíritu Santo para ser cada vez más obediente? Las recompensas son grandes: Conocer a nuestro Salvador cada vez más para llenarnos de Él, y para vivir de manera que le agrade.
El Rey Venidero


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