23
de octubre de 2014
La
Palabra de Dios es un tesoro muy práctico. Los relatos y los principios que
se encuentran en los Evangelios son tan aplicables hoy como lo fueron en
los días de Jesús. Todos, tarde o temprano, tendremos problemas que
parecerán no tener solución. Por tanto, necesitamos recordar que los
problemas son oportunidades para que el Señor nos enseñe lecciones valiosas
que no aprenderíamos de otra manera.
La
preeminencia de Dios supera los recursos humanos. Cuando Jesús preguntó:
“¿De dónde compraremos pan para que coman éstos?” (v. 5), Felipe
reconoció rápidamente su propia limitación. Aunque Cristo sabía desde un
principio lo que iba a hacer, estaba enseñando a sus discípulos que el plan
perfecto y el poder para implementarlo provienen de Dios, no de soluciones
ni recursos humanos.
Aunque
Cristo pudo haber hecho el pan con su sola palabra, eligió utilizar a
personas para lograr su propósito. Andrés miró a su alrededor buscando algo
para comer, un muchacho renunció a su pequeño almuerzo, y los discípulos
organizaron a la multitud y distribuyeron la comida que Jesús había
multiplicado. Cada paso requirió confianza y obediencia, especialmente
porque el método de Cristo parecía ilógico.
Dios sabe
cómo resolver su problema, pero Él puede decidir solicitarle su
cooperación, incluso hasta pedirle que haga algo que no parece razonable.
Pero recuerde que cada vez que rendimos a Él nuestras soluciones
deficientes y nuestros escasos recursos, y damos un paso al frente en
obediencia, el Señor hace grandes cosas en nosotros y por medio de nosotros.
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