17
de octubre de 2014
El
conflicto es parte de la vida de toda persona. Un problema generalizado hoy
es que la mayoría de las personas no saben cómo lidiar con los conflictos,
ni tienen claro cuál es la fuente de la paz verdadera. Vemos los problemas
que nos rodean, pero a menudo decidimos ignorarlos. Parece ser que la
mayoría de las personas tienen el objetivo común de evitar el conflicto a
toda costa.
La gente
tiende a definir la paz como la ausencia de hostilidad y ansiedad, pero el
término bíblico se refiere, en realidad, a algo mucho más amplio. La
palabra griega eirene significa “unir”. Por tanto, en el versículo de hoy,
paz tiene el sentido de unidad o libertad plena interior, que da estabilidad
al andar de una persona, no importa lo que esté pasando en su vida. Jesús
habló, no del tipo de paz que viene hoy y se va mañana, sino de una paz
permanente e invencible.
La clave
para tener una paz permanente se encuentra en una relación. Si usted quiere
tener una paz sólida, necesita cultivar una relación con Jesucristo.
Nosotros, también, podemos disfrutar de la unidad que Él y el Padre
celestial tuvieron. Cuando el Señor dice: “Mi paz os doy”, no quiere decir
que da esa paz como un préstamo. Su paz es un regalo, a disposición de cada
uno de sus hijos.
Si
centramos nuestra atención en el Hijo de Dios, Él nos dará una paz perfecta
(Is 26.3). Eso no
quiere decir que seremos inmunes a las preocupaciones o problemas que nos
hagan perder el equilibrio. Pero el poder de la paz del Señor es suficiente
para sacarnos a flote de cualquier cosa que Él permita que experimentemos.
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