Leer | EFESIOS 6.13-18
27 de febrero de 2013
Es importante que cada mañana nos vistamos para enfrentar el clima o las actividades del día, y lo mismo es cierto espiritualmente.
Dios nos ha dado, por su gracia, lo necesario para hacer frente a todas las dificultades. Primero, debemos ceñirnos con el cinturón de la verdad —de quiénes somos en Cristo— santos con el poder sobrenatural que nos da el Espíritu de Dios que está en nosotros.
Luego, cuando seamos tentados a vivir con ira, temor o insatisfacción, la coraza de justicia puede desviar esas “flechas”, dándonos el poder para responder de una manera agradable a Dios.
Tercero, el calzado de la paz nos ayuda a mantenernos de pie, plantados firmemente en la serena voluntad del Señor.
Después, la fe, que ofrece la protección de Cristo contra los dardos de Satanás, es comparada con un escudo del tamaño de una puerta. La fe es también lo que nos trajo la salvación, cuando nuestra vieja manera de pensar fue sustituida por otra diferente. Por consiguiente, con el yelmo de la salvación nos ponemos la mente de Cristo, que nos da discernimiento y sabiduría.
Y, por último, tomemos la espada del Espíritu para que podamos combatir las mentiras de Satanás con la verdad de la Palabra de Dios.
No podemos saber con exactitud lo que enfrentaremos cada día, pero la Biblia nos advierte que se está librando una batalla espiritual. No salga hasta que esté vestido para la lucha. Y antes de levantarse, permita que su primera oración incluya la aplicación, paso a paso, de la armadura de Dios.
Dios te bendiga!
Amen
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Leer | JUAN 15.12-15 20 de julio de 2012 Cuando Dios creó todo, solo una cosa no tuvo su aprobación. Miró a Adán, quien era el único ser en su clase, y dijo: “No es bueno que el hombre esté solo” (Gn 2.18). El Señor creó a las personas para que tuvieran compañerismo emocional, mental y físico, de modo que pudieran compartir su ser más íntimo unas con otras. Jesús explicó esto a sus discípulos, diciéndoles que debían amarse unos a otros tal como Él los había amado. En una amistad que honra a Dios, dos personas se edifican mutuamente y se animan una a otra a tener un carácter como el de Cristo. Sin embargo, muchas no logran entablar y mantener relaciones que estimulen su fe (Pr 27.17). Lo que hacen es hablar trivialidades propias de simples conocidos: el clima y los asuntos mundiales. Lamentablemente, también los creyentes rehúyen la conversación profunda en cuanto al pecado, la conducta transparente y la vida de acuerdo con los parámetros bíblicos, que servirían para enriquecer ...
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