Leer | FILIPENSES 3.7-11
12 de octubre de 2013
Dios quiere que la gente lo conozca. Si Él hubiera preferido el anonimato, no habría inspirado a varios autores para que escribieran un libro acerca de Él. Pero debido a que lo hizo, tenemos que profundizar en las Sagradas Escrituras para convertirnos en fieles seguidores y amigos del Creador.
Primero, sabemos quién es Dios por su Palabra. Al leer la Biblia, tenemos información en cuanto a su carácter, sus principios y sus maneras de actuar. Lamentablemente, las iglesias están llenas de personas que saben mucho de religión, pero poco de fe.
El segundo paso es meditar en la Biblia, pensando en las palabras del Señor y permitiendo que el Espíritu Santo las interprete. La única forma de comprender correctamente este texto inspirado por Dios, es con la guía del Espíritu.
Por último, tenemos que poner en práctica lo que aprendemos. Supongamos que usted lee que Dios es nuestro pronto auxilio en las tribulaciones (Sal 46.1). Luego, cuando se presente la tribulación, confiará en que Él le ayudará. Cuando le responda —de la manera que Él sabe que es mejor—, aprenderá que el Señor le ayuda respondiendo a su confianza en Él con una solución a su problema.
Con frecuencia exhorto a los creyentes a leer la Biblia y profundizar en lo que dice. La Sagrada Escritura es un documento vivo que le dirá cómo poner en práctica la fe en la vida cotidiana. Solo después de seguir sus instrucciones podrá ver a Dios de la manera en que es realmente —un Padre que anhela estar en constante comunicación con sus hijos cada día.
Dios te bendiga!
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Leer | JUAN 15.12-15 20 de julio de 2012 Cuando Dios creó todo, solo una cosa no tuvo su aprobación. Miró a Adán, quien era el único ser en su clase, y dijo: “No es bueno que el hombre esté solo” (Gn 2.18). El Señor creó a las personas para que tuvieran compañerismo emocional, mental y físico, de modo que pudieran compartir su ser más íntimo unas con otras. Jesús explicó esto a sus discípulos, diciéndoles que debían amarse unos a otros tal como Él los había amado. En una amistad que honra a Dios, dos personas se edifican mutuamente y se animan una a otra a tener un carácter como el de Cristo. Sin embargo, muchas no logran entablar y mantener relaciones que estimulen su fe (Pr 27.17). Lo que hacen es hablar trivialidades propias de simples conocidos: el clima y los asuntos mundiales. Lamentablemente, también los creyentes rehúyen la conversación profunda en cuanto al pecado, la conducta transparente y la vida de acuerdo con los parámetros bíblicos, que servirían para enriquecer ...
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