Leer | 1 CORINTIOS 1.25-31
25 de octubre de 2013
¿Se ha pregunto usted alguna vez quiénes aparecerían en el libro de historia de la humanidad como las personas de más influencia en el mundo? Primera a los Corintios 1.27, 28 ofrece una clave cuando nos dice que el Señor ha escogido lo débil y lo necio del mundo para avergonzar a los fuertes y los sabios. Este principio está entretejido en la trama de la historia bíblica.
Una prostituta llamada Rahab es una elección acertada, y se convierte en un antepasado del Mesías. Una viuda llamada Rut escoge al Dios de Israel, y se convierte en la bisabuela del rey David. Una mujer estéril llamada Ana derrama su alma a Dios, y llega a ser la madre del profeta Samuel. Un hombre llamado Abram responde a Dios, deja a sus parientes atrás, y se convierte en el padre de todos los creyentes. Una mujer llamada María derrama un costoso perfume sobre la cabeza de Jesús y se hace acreedora de un monumento eterno en la corriente de la historia.
¿Quiénes son, en realidad, las personas de influencia en este mundo? No se deje engañar por las apariencias externas. Quienes tienen un impacto son aquellas que lo dejan todo para seguir a Jesús; son los hombres y las mujeres que han demostrado ser “irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en la medio de la cual [resplandecen] como luminares en el mundo” (Fil 2.15).
Puede ser que usted no piense que su luz es muy brillante según los estándares de este mundo, pero cuando Dios le llama a ser un luminar puede darse el lujo de coincidir con Él y de seguir brillando.
Dios te bendiga!
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Leer | JUAN 15.12-15 20 de julio de 2012 Cuando Dios creó todo, solo una cosa no tuvo su aprobación. Miró a Adán, quien era el único ser en su clase, y dijo: “No es bueno que el hombre esté solo” (Gn 2.18). El Señor creó a las personas para que tuvieran compañerismo emocional, mental y físico, de modo que pudieran compartir su ser más íntimo unas con otras. Jesús explicó esto a sus discípulos, diciéndoles que debían amarse unos a otros tal como Él los había amado. En una amistad que honra a Dios, dos personas se edifican mutuamente y se animan una a otra a tener un carácter como el de Cristo. Sin embargo, muchas no logran entablar y mantener relaciones que estimulen su fe (Pr 27.17). Lo que hacen es hablar trivialidades propias de simples conocidos: el clima y los asuntos mundiales. Lamentablemente, también los creyentes rehúyen la conversación profunda en cuanto al pecado, la conducta transparente y la vida de acuerdo con los parámetros bíblicos, que servirían para enriquecer ...
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