Leer | Gálatas 5.22-25
25 de noviembre de 2013
Tenemos toda clase de excusas para ser impacientes: el estrés, la mala salud, los errores de otras personas, estar retrasados, o simplemente haber tenido un mal día. Pero la impaciencia puede llevarnos a tomar malas decisiones, herir a otros o destruir relaciones.
Dios quiere algo mejor para nosotros. Él sabe que la paciencia nos ayuda a permanecer en su voluntad —y eso hace que su favor descanse sobre nosotros. Logramos mantener relaciones sólidas y duraderas cuando estamos dispuestos a esperar que otros cambien.
Pero, ¿cómo podemos desarrollar esta cualidad? Primero, debemos ver nuestras vidas como Dios las ve, y aceptar las dificultades como oportunidades para aprender a ser pacientes. Debemos dejar atrás la creencia equivocada de que en la vida cristiana no se tienen problemas. El propósito de Dios no es darnos comodidad y placeres, sino más bien que crezcamos a la semejanza de Cristo. La paciencia es una de esas cualidades del “crecimiento” que debemos tener.
Segundo, tenemos la responsabilidad de procurar la cualidad de la paciencia, y ejercitarnos en ella. Tenemos que aprender a rechazar nuestros malos hábitos y las ideas equivocadas del pasado. Acostúmbrese a responder con gentileza y cordialidad, aunque la otra persona le esté acusando injustamente.
Se necesita tiempo, energía y esfuerzo para cambiar nuestra forma de pensar y nuestras respuestas. Pero gracias a Dios, no hacemos esto solos: el Espíritu Santo está comprometido a producir este fruto en nuestras vidas, con nuestra cooperación y buena disposición.
Dios te bendiga!
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The Danger in Being a Christian: It began as a Jewish sect; fierce persecution only helped it spread
Acts 8 Acts 8:1 On that day a great persecution broke out against the church at Jerusalem, and all except the apostles were scattered throughout Judea and Samaria. In some countries, a person who becomes a Christian forfeits a good education and job. And in a few countries, a person who converts risks his or her life. One church historian estimates that more Christians were martyred in the twentieth century than in all preceding centuries put together. Yet, strangely, more often than not, intense persecution of Christians leads to a spurt of growth in the church. An ancient saying expresses this phenomenon: “The blood of martyrs is the seed of the church.” The First Big Advance For a while, the new faith enjoyed popular favor. But very soon it involved grave risk. In the book of Acts, the persecution that produced the first Christian martyr, Stephen, ironically brought about the advance of Christianity outside its Jewish base. Forced out of stormy Jerusalem, the scatterin...
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