Leer | COLOSENSES 3.22-24
2 de septiembre de 2013
Aunque el pasaje de hoy trata de los esclavos, cualquier persona puede beneficiarse de las lecciones que da el apóstol Pablo. En el antiguo mundo romano, más de la mitad de las personas eran esclavas. No importaba que fueran médicos, maestros o pastores de ovejas—podían ser propiedad de otra persona.
Quizás usted leyó el pasaje y pensó: “Eso no puede referirse a mí. Tengo un trabajo (o un jefe, o un cliente) terrible. Le aseguro que el apóstol está hablando a cada creyente. En su tiempo, el sirviente inferior de una familia tenía la responsabilidad de lavar los pies sucios de quienes entraban en la casa. Era un trabajo que lo exponía a toda clase de abusos. Pero Pablo dice: “Todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres” (v. 23).
Los creyentes sacan el mejor provecho de sus trabajos cuando asumen el papel de siervos del Señor. Así es como Dios nos ve. Aunque vivimos en una sociedad que valora la independencia, nosotros tenemos que ser diferentes y realizar el trabajo requerido. La única vez en que estamos autorizados a desobedecer, es cuando se nos pide que violemos la Palabra de Dios. Pero aun así, al disentir debemos hacerlo con mansedumbre y autocontrol.
La Biblia nos dice que los caminos de Dios no son los caminos del hombre (Is 55.8), y que tenemos al Señor Jesús como ejemplo: Él se hizo a sí mismo siervo del Padre, y vino al mundo para morir por los pecados de la humanidad (Fil 2.5-7). El servicio obediente nos caracteriza como seguidores de Cristo y como personas con influencia positiva sobre los demás.
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The Danger in Being a Christian: It began as a Jewish sect; fierce persecution only helped it spread
Acts 8 Acts 8:1 On that day a great persecution broke out against the church at Jerusalem, and all except the apostles were scattered throughout Judea and Samaria. In some countries, a person who becomes a Christian forfeits a good education and job. And in a few countries, a person who converts risks his or her life. One church historian estimates that more Christians were martyred in the twentieth century than in all preceding centuries put together. Yet, strangely, more often than not, intense persecution of Christians leads to a spurt of growth in the church. An ancient saying expresses this phenomenon: “The blood of martyrs is the seed of the church.” The First Big Advance For a while, the new faith enjoyed popular favor. But very soon it involved grave risk. In the book of Acts, the persecution that produced the first Christian martyr, Stephen, ironically brought about the advance of Christianity outside its Jewish base. Forced out of stormy Jerusalem, the scatterin...
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