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La santidad Personal

25 de abril de 2013
Si usted se dirigiera al azar a cualquier persona en la calle y le preguntara si irá al cielo, muy probablemente le diría que sí. Si le pregunta por qué, lo más probable es que le mencione las cosas buenas que ha hecho. A los no creyentes, y algunos creyentes también, se les hace difícil entender por qué sus obras no son suficientes para la salvación. En realidad, muchas personas no reconocen en absoluto su necesidad de ser salvas.
Suponen que ser un buen esposo o un padre dedicado que no engaña a nadie y hace bien su trabajo, es suficiente para ganar la vida eterna. No se ven a sí mismos como pecadores, ni comprenden que el pecado los ha separado del Dios santo. Creen que pueden ganar un lugar en el cielo por medio de su conducta.
La trampa para las personas que piensan de esta manera, es que son incapaces de reconocer que el Señor es el único que puede hacer algo en cuanto a la condición pecaminosa del ser humano. La mayoría de nosotros nos vemos muy bien a nuestros propios ojos porque, al utilizar a otros como un patrón para hacer la comparación, siempre podemos encontrar a alguien cuyo estilo de vida o sus malas acciones nos hacen lucir mejor. Pero cuando nos comparamos con la santidad perfecta de Dios, ninguno de nosotros da la talla.
El Salvador murió por los pecados de la humanidad y resucitó para que cada persona pudiera ser santa, así como Dios es santo. Juan explicó cómo es lavado el pecado del creyente: “La sangre de Jesucristo su Hijo [de Dios] nos limpia de todo pecado” (1 Jn 1.7). Las buenas obras no significan nada, a menos que sean el resultado de un espíritu limpio. Podemos tener santidad personal solamente recibiendo al Señor Jesucristo y su regalo de la salvación.
Dios te bendiga!

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