Leer | HEBREOS 10.24
19 de septiembre de 2012
Con demasiada frecuencia, nos hacemos esclavos de una situación al no hacer caso a los límites prudentes de la libertad. Es por eso que debemos tener presente los beneficios de rendirnos cuenta de nuestros actos los unos a otros.
Dirección más clara. La franqueza en cuanto a los errores y a los fracasos lo preparará a usted para recibir buen consejo y estímulo. Esto aumentará su potencial de hacer y ser todo lo que Dios desea de usted.
Mayor integridad. Si usted tiene que dar cuenta a alguien, será honesto y transparente. Aunque la verdad duele, el resultado es mayor integridad.
Mejor mayordomía. Dar cuenta de cómo utiliza su dinero, su tiempo o sus capacidades, le hace cuidadoso para no utilizar mal esos recursos.
Protección contra los excesos. Como hijos de Dios, somos libres en Cristo, pero un amigo al que demos cuenta nos mantiene equilibrados y está pendiente de que no nos excedamos.
Sano auto-análisis. Otra persona puede, ayudarnos a ver lo que no podemos ver en nosotros mismos. Cuando permitimos que alguien nos señale nuestras faltas, estamos en una mejor posición para hacer mejoras.
Protección de malas relaciones. Si usted tiene que dar cuenta de adónde va y con qué personas pasará tiempo, probablemente evitará lugares y relaciones problemáticas.
¿Le rinde usted cuenta a alguien acerca de la manera en que maneja su dinero, su tiempo y sus relaciones? Si no es así, busque a un creyente digno de confianza al que pueda rendir cuentas. Dar este paso revela un corazón que anhela agradar en todo a Dios.
Dios te bendiga! Amen |
Leer | JUAN 15.12-15 20 de julio de 2012 Cuando Dios creó todo, solo una cosa no tuvo su aprobación. Miró a Adán, quien era el único ser en su clase, y dijo: “No es bueno que el hombre esté solo” (Gn 2.18). El Señor creó a las personas para que tuvieran compañerismo emocional, mental y físico, de modo que pudieran compartir su ser más íntimo unas con otras. Jesús explicó esto a sus discípulos, diciéndoles que debían amarse unos a otros tal como Él los había amado. En una amistad que honra a Dios, dos personas se edifican mutuamente y se animan una a otra a tener un carácter como el de Cristo. Sin embargo, muchas no logran entablar y mantener relaciones que estimulen su fe (Pr 27.17). Lo que hacen es hablar trivialidades propias de simples conocidos: el clima y los asuntos mundiales. Lamentablemente, también los creyentes rehúyen la conversación profunda en cuanto al pecado, la conducta transparente y la vida de acuerdo con los parámetros bíblicos, que servirían para enriquecer ...
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