Leer | LUCAS 1.26-37
20 de diciembre de 2012
Encuentro interesante que las personas eligen algunas partes de la Biblia que aceptan como verdaderas. Por ejemplo, el nacimiento virginal es, a menudo, un milagro que rechazan. El argumento que escucho es: “Siempre y cuando yo crea en Jesús, el resto no importa”. Pero ese razonamiento no es lógico. Sin su nacimiento virginal, Jesús habría sido apenas otro hombre, y por tanto indigno de nuestra fe.
Considere las implicaciones si María no hubiera sido virgen. En ese caso, lo siguiente sería cierto: 1) Fue una mentirosa que dijo haber recibido la visita de un ángel, quien le dijo que daría a luz al Hijo de Dios; 2) Fue infiel al esposo que tendría y 3) Jesús era un hijo ilegítimo sin ninguna naturaleza divina. Además, si su nacimiento virginal fuera mentira, entonces Jesús hubiera sido un loco que decía ser el Hijo de Dios, y que murió como un mártir tratando de demostrarlo.
En realidad, para que la muerte de Jesús fuera expiatoria, su nacimiento virginal tenía que ser cierto. Un niño nacido de un hombre y una mujer viene al mundo con una naturaleza de “carne” pecaminosa (Ro 5.12), pero Dios exigía un sacrificio perfecto que pagara por el pecado. Ese mensaje está en todo el Antiguo Testamento (Dt 17.1). Solo Jesús, que nació del Espíritu Santo (Mt 1.18), podía pagar el castigo en lugar nuestro.
No podemos escoger creer la Palabra de Dios a medias. Cada hecho, cada promesa y cada principio están incluidos por una razón. El Padre celestial puso a su hijo en el vientre de una virgen, para que nadie pudiera dudar de que Él era el Cordero de Dios, el Salvador del mundo.
|
Leer | JUAN 15.12-15 20 de julio de 2012 Cuando Dios creó todo, solo una cosa no tuvo su aprobación. Miró a Adán, quien era el único ser en su clase, y dijo: “No es bueno que el hombre esté solo” (Gn 2.18). El Señor creó a las personas para que tuvieran compañerismo emocional, mental y físico, de modo que pudieran compartir su ser más íntimo unas con otras. Jesús explicó esto a sus discípulos, diciéndoles que debían amarse unos a otros tal como Él los había amado. En una amistad que honra a Dios, dos personas se edifican mutuamente y se animan una a otra a tener un carácter como el de Cristo. Sin embargo, muchas no logran entablar y mantener relaciones que estimulen su fe (Pr 27.17). Lo que hacen es hablar trivialidades propias de simples conocidos: el clima y los asuntos mundiales. Lamentablemente, también los creyentes rehúyen la conversación profunda en cuanto al pecado, la conducta transparente y la vida de acuerdo con los parámetros bíblicos, que servirían para enriquecer ...
Comments
Post a Comment