Leer | ROMANOS 6.8-11
29 de marzo de 2013
Cuando usted vio el título de la meditación devocional de hoy, imagino que pensó que se refería a Jesús. Si es así, acertó a medias. La cruz es siempre acerca de Jesús, pero los creyentes también están destinados para el sacrificio y la muerte.
“La muerte al yo” ocurre en el momento de la salvación, al ser crucificados con Cristo (Ro 6.6). El viejo yo muere, y recibimos una nueva naturaleza cuando el Espíritu Santo viene a morar en nosotros (Jn 14.17). A veces, se tarda un poco más en llegar el momento en que entregamos a Dios todo lo que amamos y valoramos.
Pero Dios no se detiene en la salvación; su propósito es conformar a los creyentes a la imagen de su Hijo (Ro 8.29). Por eso, nos convierte en hombres y mujeres que experimentan la libertad, porque el Señor Jesús ha triunfado sobre el pecado. Sin embargo, para vivir como Dios quiere, tenemos que estar dispuestos a dar a Cristo la posición central en nuestras vidas. Por consiguiente, el Señor nos llama a la cruz todos los días, para que renunciemos a las cosas que puedan distraernos de nuestro objetivo de servirle y obedecerle.
No entienda mal lo que significa estar destinado a la cruz. Dios no nos va a quitar todo, dejándonos como unos solos y tristes indigentes. Poner nuestras cosas de valor en la cruz ya sean bienes, personas o sueños nos libera de lo que nos ata a este mundo.
Cuando somos libres de las cosas del mundo, nuestra autoestima no depende de lo que tenemos o de la aceptación de la gente, porque estamos completos en el Señor. Para disfrutar de una vida nueva en Cristo bien vale la pena hacer un viaje diario a la cruz.
Dios te bendiga!
|
Leer | JUAN 15.12-15 20 de julio de 2012 Cuando Dios creó todo, solo una cosa no tuvo su aprobación. Miró a Adán, quien era el único ser en su clase, y dijo: “No es bueno que el hombre esté solo” (Gn 2.18). El Señor creó a las personas para que tuvieran compañerismo emocional, mental y físico, de modo que pudieran compartir su ser más íntimo unas con otras. Jesús explicó esto a sus discípulos, diciéndoles que debían amarse unos a otros tal como Él los había amado. En una amistad que honra a Dios, dos personas se edifican mutuamente y se animan una a otra a tener un carácter como el de Cristo. Sin embargo, muchas no logran entablar y mantener relaciones que estimulen su fe (Pr 27.17). Lo que hacen es hablar trivialidades propias de simples conocidos: el clima y los asuntos mundiales. Lamentablemente, también los creyentes rehúyen la conversación profunda en cuanto al pecado, la conducta transparente y la vida de acuerdo con los parámetros bíblicos, que servirían para enriquecer ...
Comments
Post a Comment