Leer | PROVERBIOS 6.20-35
12 de marzo de 2013
El respeto por la autoridad no siempre es automático. La historia acerca de un nuevo entrenador de fútbol ilustra lo que quiero decir.
Un día, antes de la práctica, el entrenador colocó un letrero que decía: “No pisar el césped”. Alrededor de la mitad del equipo obedeció la orden, mientras que la otra mitad no lo hizo; el aviso no tenía sentido para ellos, ya que la práctica siempre se celebraba en ese campo. Más tarde, el entrenador explicó que había puesto a prueba a los jugadores para ver quiénes probablemente seguirían su plan de juego, y quienes no. Él aprendió mucho en esos pocos minutos.
El Señor nos enseñó específicamente a no ceder a los deseos de la carne. Al mismo tiempo que dice que el placer está asociado con la intimidad sexual, la Biblia también nos advierte claramente acerca de los peligros de ir más allá de los límites de la voluntad protectora de Dios. En el Sermón del monte, Jesús explicó con más detalle las enseñanzas del Antiguo Testamento, diciendo que no solo nuestras acciones sino aun la actitud del corazón, pueden transgredir los límites fijados por Dios (Mt 5.28).
Si usted se hace regularmente un “chequeo del corazón”, eso le revelará cuál es su situación, y le ayudará a mantenerse a salvo. Pregúntese: ¿Cuál es mi reacción a los límites fijados por Dios?, y recordar después que son para su propio bien.
¿Pone usted a prueba los límites del Señor para ver qué tan fuertes son? ¿Cuestiona usted los preceptos de Dios antes de aceptarlos? Someterse al plan de Dios brinda seguridad y bendición (Dt 11.27). Confiese cualquier resistencia, y pídale a Dios que le dé las fuerzas para someterse a Él.
Dios te bendiga!
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Leer | JUAN 15.12-15 20 de julio de 2012 Cuando Dios creó todo, solo una cosa no tuvo su aprobación. Miró a Adán, quien era el único ser en su clase, y dijo: “No es bueno que el hombre esté solo” (Gn 2.18). El Señor creó a las personas para que tuvieran compañerismo emocional, mental y físico, de modo que pudieran compartir su ser más íntimo unas con otras. Jesús explicó esto a sus discípulos, diciéndoles que debían amarse unos a otros tal como Él los había amado. En una amistad que honra a Dios, dos personas se edifican mutuamente y se animan una a otra a tener un carácter como el de Cristo. Sin embargo, muchas no logran entablar y mantener relaciones que estimulen su fe (Pr 27.17). Lo que hacen es hablar trivialidades propias de simples conocidos: el clima y los asuntos mundiales. Lamentablemente, también los creyentes rehúyen la conversación profunda en cuanto al pecado, la conducta transparente y la vida de acuerdo con los parámetros bíblicos, que servirían para enriquecer ...
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