Si confesamos nuestros pecados, Dios, que es fiel y justo, nos los perdonará y nos limpiará de toda maldad. Si afirmamos que no hemos pecado, lo hacemos pasar por mentiroso y su palabra no habita en nosotros. (1 Juan 1:9, 10 NVI) Cuando reconocemos que somos pecadores sabemos y reconocemos lo que Juan nos esta diciendo. No tienes porque confesarlo a alguien igual que tu, que también es pecador igual que tu. Gracias a Dios que envió a su hijo Jesús a morir por nosotros y al tercer día resucitar, para hoy nosotros directamente a El; poder confesarnos con El y El mismo limpiara nuestros pecados exactamente como lo hizo en la cruz con su sangre preciosa. Por eso es que somos pecadores esta en nuestra carne y Jesús es el único que te puede limpiar. No hay pecado pequeño, ni grande para Dios todos somos pecadores. Examínate porque es tiempo de cambiar el rumbo que estamos llevando a nuestra juventud y nosotros los adultos somos los responsables de esto. Orar sin cesar!! Dios te bendiga!! Amén
Leer | JUAN 15.12-15 20 de julio de 2012 Cuando Dios creó todo, solo una cosa no tuvo su aprobación. Miró a Adán, quien era el único ser en su clase, y dijo: “No es bueno que el hombre esté solo” (Gn 2.18). El Señor creó a las personas para que tuvieran compañerismo emocional, mental y físico, de modo que pudieran compartir su ser más íntimo unas con otras. Jesús explicó esto a sus discípulos, diciéndoles que debían amarse unos a otros tal como Él los había amado. En una amistad que honra a Dios, dos personas se edifican mutuamente y se animan una a otra a tener un carácter como el de Cristo. Sin embargo, muchas no logran entablar y mantener relaciones que estimulen su fe (Pr 27.17). Lo que hacen es hablar trivialidades propias de simples conocidos: el clima y los asuntos mundiales. Lamentablemente, también los creyentes rehúyen la conversación profunda en cuanto al pecado, la conducta transparente y la vida de acuerdo con los parámetros bíblicos, que servirían para enriquecer ...
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