Leer | ROMANOS 12.5-7
25 de octubre de 2012
La definición de éxito según el mundo difiere mucho de la de Dios. Tomemos el papel de un pastor, por ejemplo. Sería fácil aceptar elogios en cuanto al crecimiento de la iglesia, ya que muchas personas equiparan la asistencia alta con la efectividad del ministro. Pero el Señor desea que lo obedezcamos con humildad. Ya sea que atraigamos a una multitud o no, el éxito se mide por la obediencia.
Esto es diferente para cada creyente. Algunos cristianos tienen tareas muy visibles, y por eso sus esfuerzos son públicos y evidentes. Otros sirven a Cristo de manera callada, menos perceptibles.
Dios da dones a sus seguidores, adaptados a la tarea dispuesta para cada uno de ellos. El Espíritu Santo nos revela nuestro llamado, y debemos dar nuestro mejor esfuerzo. Por supuesto, no importa cuál pueda ser la tarea, el resultado no tendrá ningún valor a menos que el Padre le infunda vida. Dios asigna la responsabilidad, da las capacidades y produce el crecimiento. Es el Señor quien merece toda la gloria. Nosotros simplemente somos bendecidos por ser parte de su plan.
Debemos estar agradecidos por cualquier cosa que Dios lleve a cabo por medio nuestro. Al darle a Él todo el crédito, no tendremos nunca que sentirnos derrotados. Más bien, tenemos la confianza de que Él logrará su buen propósito.
La honra estará fuera de lugar, a menos que vaya directamente a Aquel que crea, santifica y sostiene. Dios le creó a usted para realizar tareas específicas que promuevan su reino. Él le dejará ver su poderosa mano en acción. Preste atención a su dirección, y alábelo por todo lo que Él hace.
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The Danger in Being a Christian: It began as a Jewish sect; fierce persecution only helped it spread
Acts 8 Acts 8:1 On that day a great persecution broke out against the church at Jerusalem, and all except the apostles were scattered throughout Judea and Samaria. In some countries, a person who becomes a Christian forfeits a good education and job. And in a few countries, a person who converts risks his or her life. One church historian estimates that more Christians were martyred in the twentieth century than in all preceding centuries put together. Yet, strangely, more often than not, intense persecution of Christians leads to a spurt of growth in the church. An ancient saying expresses this phenomenon: “The blood of martyrs is the seed of the church.” The First Big Advance For a while, the new faith enjoyed popular favor. But very soon it involved grave risk. In the book of Acts, the persecution that produced the first Christian martyr, Stephen, ironically brought about the advance of Christianity outside its Jewish base. Forced out of stormy Jerusalem, the scatterin...
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