Leer | JUAN 3.7-15
14 de enero de 2013
La conversión de Jesús con Nicodemo estuvo llena de simbolismo. Comparó a la salvación con un segundo nacimiento, y asemejó a la obra del Espíritu Santo con el viento. Pero luego el Señor utilizó una ilustración del Antiguo Testamento que puede parecer rara a los lectores de hoy; dijo que el Hijo del Hombre debía ser levantado, así como Moisés levantó la serpiente de bronce (Nm 21.1-9).
Nicodemo habría estado familiarizado con la historia de los israelitas en que dirigiéndose a la Tierra Prometida, se quejaron de tener que hacer el largo camino bordeando territorio enemigo. Dios respondió enviándoles serpientes venenosas. Las víctimas de su mordedura morirían a menos que miraran la serpiente de bronce colgada en un asta del campamento. La imagen era una representación simbólica de la presencia de Dios en medio de los israelitas, y también un recordatorio de que Él era su salvador.
Aunque nosotros no asociemos el nacimiento espiritual con una serpiente en un asta, Jesús lo hizo por una buena razón. Estos símbolos describen acontecimientos relacionados. El Mesías estaba explicando que Él debía ser levantado en una cruz como sacrificio por los pecados de toda la humanidad. El nuevo nacimiento es imposible a menos que alguien pague el precio por nosotros. Quienes miren a Jesús y crean en Él, serán perdonados y nacidos de nuevo.
El mensaje de Jesús a Nicodemo se vuelve claro cuando entendemos cómo encajan todas las piezas. El Salvador está diciendo que debía morir en la cruz, para que los pecadores pudiéramos nacer de nuevo. ¿Ha puesto usted la mirada en Jesús para tener salvación? Él es el único camino a una vida nueva.
Dios te bendiga!
Amen
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Leer | JUAN 15.12-15 20 de julio de 2012 Cuando Dios creó todo, solo una cosa no tuvo su aprobación. Miró a Adán, quien era el único ser en su clase, y dijo: “No es bueno que el hombre esté solo” (Gn 2.18). El Señor creó a las personas para que tuvieran compañerismo emocional, mental y físico, de modo que pudieran compartir su ser más íntimo unas con otras. Jesús explicó esto a sus discípulos, diciéndoles que debían amarse unos a otros tal como Él los había amado. En una amistad que honra a Dios, dos personas se edifican mutuamente y se animan una a otra a tener un carácter como el de Cristo. Sin embargo, muchas no logran entablar y mantener relaciones que estimulen su fe (Pr 27.17). Lo que hacen es hablar trivialidades propias de simples conocidos: el clima y los asuntos mundiales. Lamentablemente, también los creyentes rehúyen la conversación profunda en cuanto al pecado, la conducta transparente y la vida de acuerdo con los parámetros bíblicos, que servirían para enriquecer ...
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